El entreno quema grasas pero, ¿realmente sabes donde van?

¿Alguna vez te has preguntado donde va esa grasa que estás quemando? La respuesta te va a sorprender.

No es ningún secreto que la pérdida de grasa es una obsesión moderna. La mayoría de nosotros la tenemos y la mayoría de nosotros queremos perderla. El mundo del fitness se ha saturado con modelos hiper bronceados, que parecen anuncios de teletienda ofreciendo desde las últimas “novedades” dietéticas y pastillas hasta planes de entreno rápidos para un físico libre de grasa. Qué tentador suena todo.

Sorprendentemente, sin embargo, una de las preguntas más obvias que se plantean al hablar sobre el tema nunca se aborda realmente. Cuando la eliminamos de nuestro cuerpo, ¿a donde va realmente esa grasa?

Si no estás seguro, no te preocupes, no eres el único. Un estudio de 2014 demostró que cuando se trata de pérdida de grasa, hasta los profesionales de la salud están confundidos. De los 150 médicos, nutricionistas y entrenadores personales consultados, sólo tres dieron la respuesta correcta.

Algunos creían que la grasa se convertía en músculo o que abandonaba el cuerpo a través del colon, los cuales habrían suspendido si de un examen se tratase. Otros encuestados creían que la grasa se convertía en energía y se perdía en forma de calor (sin duda, se basa en la ley de que “la energía ni se crea ni se destruye, sólo se transforma”).

El problema es que esto desobedecería una ley fundamental de las reacciones químicas, conocida como la Ley de conservación de la materia (o masa), que establece que la misma cantidad de materia surge de una reacción que entra en ella. No puede simplemente desaparecer.

En pocas palabras, el tejido graso está lleno de lípidos, compuestos que almacenan energía. Incluso si estos compuestos se descomponen y generan calor, aún queda la misma cantidad de átomos que al comienzo de la reacción química.

Entonces, ¿a dónde va la grasa?

La respuesta es que ahora mismo estás expulsando la grasa de tu cuerpo sin ser consciente de ello. La grasa se convierte en dióxido de carbono y agua. Literalmente, estás exhalando la gran mayoría.

Cuando comienzas a quedarte sin combustible, produces una hormona que, cuando se mezcla con oxígeno, descompone la grasa para usar su energía. Cuando la grasa se metaboliza, necesita ir a algún lado. Una vez convertido en dióxido de carbono y agua, más del 80 por ciento de la grasa deja el cuerpo como CO2. El resto se libera en forma de sudor y orina.

Desafortunadamente, esto no significa que puedas librarte de ese michelín problemático simplemente respirando más fuerte mientras ves Netflix. Sin embargo, cuando realizamos cualquier tipo de actividad física, la tasa metabólica de nuestro cuerpo aumenta significativamente. Por lo tanto, un entrenamiento de mayor intensidad aumentará la intensidad de nuestra respiración: más energía quemada, más grasa convertida expulsada.

Saber que la grasa en realidad está dejando tu cuerpo a través de tus pulmones podría incluso hacer que esas últimas repeticiones que tanto cuestan sean un poco más fáciles de realizar.

 

 

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Artículo original | Exercise burns fat – so where does the fat go?